
Benja no puede ya andar, era fumador empedernido aunque no lo recuerda, no se le entiende cuando habla pero lo intenta, y jamás pierde la sonrisa. Por momentos parece ausente y en otras ocasiones fija la mirada y parece comprender lo que le dices. Para llegar a su habitación tienes que adentrarte en la residencia y pasar por algunas salas. En una de ellas, por las tardes, hay ancianos jugando al bingo mientras una enfermera "canta" los números. En otra, personas sentadas en sillas de ruedas que ya no saben nada de este mundo y viven en el suyo propio. Me llamó la atención una anciana que llamaba constantemente a su madre, llevaba un babero y parecía haber regresado a su más tierna infancia. Otro interno animaba a los más débiles, estaba hecho un chaval e iba y venía charlando con todos y haciéndoles reir...A Benja se le dibujó la sonrisa cuando me vió llegar, creo que sabe que me conoce de algo. Luego me cogió la mano y ya no la soltó hasta que me fui.
Mi tía está en otra residencia, es un edificio más antiguo y me pareció más triste todavía. Le faltaba luz y color, le faltaba algo de alegría. Una mujer nos condujo a una sala enorme llena de sillones individuales. En cada sillón un anciano, todos en silencio, mirando al infinito muchos de ellos. La mayoría eran mujeres. Mi tía estaba sentada en un rincón, no nos miraba a los ojos, hace tiempo que no pronuncia palabra y continuamente se arreglaba las mangas de su blusa. Siempre la recordaba comiendo muy poco y sin embargo ahora come de manera compulsiva, no sabe si ha comido una vez o dos o tres. No sonreía ni reaccionaba a estímulos, no parecía ni siquiera que nos viera ni tampoco le importaba demasiado nuestra presencia. La mujer que estaba sentada a su lado tenía una enorme necesidad de hablar y de contarnos su vida. Porque eso sí es verdad, en medio de los pesados silencios se adivina la necesidad de comunicarse y se intuye la soledad.
Esto es el alzheimer, la memoria borrada, los recuerdos desaparecidos, las costumbres olvidadas, la ausencia de uno mismo...
La foto que pongo es del día de mi primera comunión. El que está junto a mi es mi padrino que hoy no me recuerda, pero que yo no olvido.